El monotributo tiene fama de ser un régimen simple, y lo es comparado con el régimen general. Pero esa simplicidad genera una trampa: muchos emprendedores piensan que, al pagar la cuota todos los meses, ya están en regla sin nada más que controlar.
1. No controlar la facturación acumulada
La recategorización se hace en enero y julio tomando los ingresos de los últimos 12 meses. Si no llevás el control mes a mes, podés enterarte tarde de que superaste el límite.
2. Confundir facturación con cobro
Para el monotributo cuenta lo facturado, no necesariamente lo cobrado. Si emitís una factura y el cliente paga después, esa factura ya cuenta para tu categoría.
3. No sumar todos los ingresos
Si tenés más de una actividad o ingresos incluidos en el régimen, hay que sumar todo. Declarar solo la actividad principal puede generar problemas.
4. Superar parámetros que no son facturación
Además del tope de ingresos, existen límites de superficie, energía eléctrica y alquileres devengados. No alcanza con mirar solo la facturación.
5. No emitir factura por miedo a subir de categoría
No facturar parte de las ventas no soluciona nada: además de ser una infracción, deja ingresos sin respaldo formal.
6. No pagar la cuota a tiempo
Tres cuotas impagas consecutivas pueden generar la baja automática del monotributo y complicar la cobertura de obra social.
7. Aplicar reglas generales a casos especiales
Monotributo social, promovido, plataformas o exportación de servicios tienen particularidades. Hay que revisar cada caso.
8. No guardar comprobantes de gastos
Aunque en monotributo no deduzcas gastos, guardarlos ayuda ante fiscalizaciones y para evaluar si conviene pasar a responsable inscripto.
La clave: control mensual
El monotributo se complica casi siempre por falta de seguimiento. Un control simple de facturación acumulada, parámetros y vencimientos evita la mayoría de los problemas.
¿Querés revisar tu categoría actual?
Podemos ver si hay algo para corregir antes de la próxima recategorización.
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